El Universo Espiritual

Publicado en Noviembre 1997, revisión Agosto 2010

Escrito por Ernesto Rosati Beristáin

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                        Inicio

*Tesis filosófica del Ser en función del Espíritu.

*Análisis y síntesis del ser humano considerando la existencia del espíritu.

*Antropología humana de acuerdo a estos descubrimientos.

 

 

*Los Conceptos de Dios

Antecedentes                                                   87

Pecado                                                             88

Santidad                                                          90

Perdón                                                             92

Idolatría                                                           95

 

 

¿Qué valor tiene este conocimiento?                   97

Los Conceptos De Dios

 

 

Antecedentes

 

 

¿Cómo podemos estar vivos espiritualmente? ¿Cómo vamos a ser dignos del Espíritu de Dios? ¿Cómo vamos a restaurar nuestro estado espiritual, al grado de ser felices, llenos de paz, llenos de amor, llenos de verdad? ¿Cómo restaurar nuestra comunión con Dios, al grado de ser santos, sin pecado?

 

Cuando nacemos entramos en el camino de la conciencia, discerniendo lo que se va percibiendo con los sentidos y dando significado a los objetos, también lo que se va intuyendo con los sentimientos, ante la inocencia lo que intuimos no nos afecta, ya que al Espíritu de Dios es al que sentimos, porque es la esencia con la que fuimos creados, y mientras somos inocentes no hay nada que nos separe de él. También sentimos el espíritu de los que nos rodean pero aunque sea malo, durante la inocencia no sentimos culpa de lo que sucede a nuestro rededor, podemos sentir el odio y la maldad de otros pero la inocencia nos libra de la culpa, pudiendo amar y ser felices. Pero cuando hacemos algo sabiendo que está mal, nos hace sentir miedo y culpa, porque es algo que va en contra de lo que nos dicta la conciencia de Dios, y comenzamos a sentirnos mal.

 

Ser guiados por el Espíritu de Dios, discerniendo lo que nos dice la conciencia, sujetándonos a las normas y principios que están establecidos por Él en el espíritu y por las autoridades voluntariamente (padres, leyes e instituciones), es sujetarnos al amor y la verdad, es ser guiados por Dios; esto no significa que los padres, leyes e instituciones en todo sean justos, pero si no somos capaces de amar a los que nos gobiernan, cuando tengamos la responsabilidad de dirigir justamente a los que gobernemos no lo podremos hacer bien, el que es un buen hijo es un buen padre, el que es un buen ciudadano es un buen gobernante, y si queremos mejorar como padres, en las leyes y en nuestras instituciones, necesitamos respetarlas, pero cumplir con la ley de los hombres no es ser un buen ciudadano, porque la justicia sería hacer lo bueno amando, sin obligación sino por convicción. La sumisión y el amor, son armas poderosas que transforman ideologías y derrumban fortalezas de maldad, en cambio la desobediencia solo provoca temor por el castigo, solo provoca la muerte espiritual.

 

 


 

Pecado

 

 

El Pecado es un agravio en contra del espíritu de uno mismo, es algo injusto pero no es una injusticia en contra de otro, porque el espíritu es nuestro espíritu aunque no lo entendamos; es lo que nos quita la paz y el gozo, es todo acto que produce culpa y miedo, separándonos del amor de Dios que es su propio espíritu, es lo que nos hace sentir culpables, culpa que es angustia y aflicción que mata espiritualmente y no se quita sugestionándonos, porque la culpa es sentimiento y el sentimiento no viene de la razón. El Pecado se siente como se siente un golpe, una herida, una enfermedad, y como se siente la muerte, cuando se sabe hacer el bien y no se hace, cuando lo que hacemos no proviene de fe, que es cuando no proviene de la conciencia, sino de la duda; cuando no perdonamos, odiamos y guardamos rencor, cuando la conciencia nos acusa de pecado y nos muestra la muerte espiritual que nos ha alcanzado, algo que casi siempre sucede en la adolescencia, por eso no entendemos a los jóvenes, no entendemos su sufrimiento, y solo estamos esperando a que se resignen y aprendan a ser hipócritas, a que llenen su vacío con placer, con drogas, con vicios y se les olvide lo miserables que son.

 

Vivo yo dice Jehová, que no quiero la muerte del impío, sino que se arrepienta de su pecado y viva; ve y diles que pueden ser perdonados, que un corazón contrito y humillado no rechazare jamás.

 

En este tiempo la mayor parte de los seres humanos sufren de angustia, de aflicción, de soledad, de culpabilidad, llenándose de actividades, o consumiendo estimulantes para soportar su realidad, como consecuencia de lo que sienten, obra del pecado, ya que el pecado encadena al que lo practica; porque lo que en un principio es un acto por curiosidad o imitación que está mal, sabiendo o sin saber, provoca culpa, porque prevalece la duda y se convierte en una esclavitud, los vicios sociales, el exceso de trabajo, las relaciones sexuales compulsivas, o en contra de la naturaleza como el homosexualismo, se convierten en esclavitud; también el masoquismo, el sadismo, los celos, el chantaje, el miedo, también son esclavitud; y la esclavitud es consecuencia del pecado. ¿Cuál libertad?

 

¿Por qué pecamos? Somos tentados todo el tiempo por nuestros instintos y nuestros deseos desordenados (concupiscencias), por nuestra cultura; somos tentados al ver películas, programas de televisión, a través de los amigos, la escuela, el trabajo; cuando le damos cabida a ideas que como consecuencia nos hacen sentir mal, y estas ideas al paso del tiempo nos conducen al pecado; somos tentados todo el tiempo por el placer, la belleza, la riqueza, el poder y la fama, que en el mundo son sinónimos de felicidad, pero que en el espíritu son piedras de tropiezo, porque la esencia de esos deseos es egoísta, dejando de apreciar al "Ser" de uno mismo, y al de las personas, juzgando por las apariencias; pero Dios es Espíritu y él ve el corazón, por lo que a Dios no lo compra ni la belleza, ni la riqueza, ni el poder, ni la fama, Dios no habita en el corazón por la apariencia; habita por la fe, por la verdad y el amor.

 

Al separarnos del Espíritu de Dios, dejamos de sentir su amor y perdemos la paz y el gozo, que son el fruto del espíritu vivo, pero aun cuando no sentimos vivo al espíritu, no dejamos de sentir, pero el espíritu que sentimos está muerto, porque lo que se siente, es al espíritu de las obras que es un espíritu muerto; un espíritu que guía al alma al infierno, por Llamarle de alguna manera; porque el Espíritu se manifiesta vivo en comunión con Dios a través del fruto del espíritu vivo; y se manifiesta muerto o separado de Dios a través del fruto de la carne, que no tiene esperanza porque para morir nació.

 

La vida o muerte espirituales, dependen de la presencia o ausencia del Espíritu de Dios:

 

Espíritu de Dios

espíritu sin Dios

vida espiritual

muerte espiritual

amor

odio

verdad

mentira

misericordia

impiedad

paz

angustia

gozo

aflicción

esperanza

desesperación

vida eterna

muerte eterna

paraíso

infierno

Fruto del espíritu

Fruto de la carne

 

Dios es espíritu y cualquier idea, persona o cosa que ocupe su lugar en nuestra alma, es un ídolo, nuestro propio diablo; Es un dios creado por nosotros, que nos separa de la verdad y del amor de nuestro creador, porque un ídolo no nos puede dar vida espiritual, porque no está vivo, no podemos aferrarnos a él porque lo que suponemos de ese dios no es real, sólo está en nuestra imaginación, porque ese ídolo no es Espíritu; la vida espiritual no es imaginaria, no es una fantasía, la vida espiritual es real para los que vivimos al espíritu, para los que conocemos a un Dios vivo, que vive y ama en espíritu y verdad, y que puede salvarnos del pecado y de la muerte.

 


 

Santidad

 

 

Apartar el alma para el amor y la verdad, es apartarnos para Dios, esa es la santidad, porque en el amor y la verdad, es donde el bien y la justicia expresan naturalmente nuestra vida espiritual, en donde se encuentra la verdadera libertad, cuando no hay culpa, ya que al haber sido apartados para Dios, podemos conocerlo y podemos ser engendrados por Él, porque la santidad es el vínculo con Dios, porque sin santidad nadie conocerá a Dios.

 

La santidad no es hacer buenas obras, ni estar alegres, ni la buena moral, porque la moral y las buenas obras sin santidad es hipocresía y no hay amor, es un acto que avergüenza a nuestro propio espíritu, a Cristo, y termina por corromper al alma en el pecado y la muerte; porque todo esfuerzo humano es inútil por alcanzar lo que solo Dios nos puede dar en su amor, por su espíritu; pero para tener el Espíritu del Creador, necesitamos ser dignos de contenerlo.

 

Razonemos juntos, el hombre en su pecado se separó de Dios, convirtiéndose en un ser egoísta, vanidoso y soberbio, llevando a la humanidad al estado en que se encuentra, no es Dios el que ha hecho esto, es el hombre que no ha tomado en cuenta a Dios en sus decisiones, pero Dios nos creó por amor, y es evidente su amor desde la creación y es evidente también en el testimonio de Jesús; pero siendo evidente y habiéndolo conocido, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en la semejanza de imágenes de hombre, animales y cosas corruptibles.

 

Por lo cual también Dios los entrego a la inmundicia, en los deseos desordenados de sus corazones, de modo que deshonraron entre si sus propios cuerpos, y cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al creador, y como no aprobaron tener en cuenta Dios, Dios los entrego a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen; estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia: pues habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no solo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican. Llenándose de adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechiceras, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; y los que hacen esto, no pueden ser dignos de sentir el Espíritu de Dios en sus corazones.

 

Es por no tomar en cuenta a Dios que el hombre se ha separado del amor de Dios, de la paz de Dios, de la verdadera felicidad, de la santidad y de la vida eterna. Por lo que necesitamos arrepentirnos, pero teniendo claro que las razones por las que habíamos decidido cometer toda esa clase actos estaban equivocadas, ya que en vez de conseguir la afanada realización, sólo nos habían convertido en esclavos de nuestras pasiones y deseos, al tratar de justificar algo que no tiene justificación que es nuestra vida material, pues de cualquier forma el destino del cuerpo es la muerte; entendamos y hagamos conciencia de la esperanza de la vida espiritual, de otra forma porque arrepentirnos, si no hay esperanza de que sirve el arrepentimiento.

 

La santidad no es un sacrificio, es la forma de expresar la esperanza de la vida espiritual, no implica sacrificio, es mirar por encima de las circunstancias viendo el fin de esta vida, como el inicio de la verdadera existencia, es la oportunidad de empezar a ser lo que verdaderamente somos, es conservar lo más preciado de nuestro ser, como lo único valioso e importante, nuestro corazón, la parte del alma que siente a Dios; teniendo en la paz, la paciencia, el amor y la verdad, los cimientos de nuestra esperanza en la vida espiritual, la muestra inequívoca de nuestra santidad.

 

Nosotros fuimos creados a imagen y semejanza de Dios, fuimos creados para ser un solo Espíritu con Dios, creados para conocer a Dios, ser engendrados por él, amar y ser amados.

 

 

 


 

Perdón

 

 

Cuando pecamos nos sentimos culpables y culpar a los demás es el mecanismo de defensa que utilizamos para defendernos, culpando inclusive a Dios, pero como la culpa no es obra de la razón sino del espíritu, culpar a otros no nos resuelve el problema sino que por el contrario lo agrava más; la culpa no se cura culpando, el remedio no es angustiarse o afligirse, el remedio empieza por arrepentirse; si dejamos de hacer lo que nos hace sentir culpables, si nos arrepentimos de todo corazón y hacemos lo que es correcto pidiendo perdón a los que agraviamos, a nosotros mismos y a Dios, entonces podemos ser perdonados, pero sin arrepentimiento simplemente no hay perdón.

 

Cuando se afecta física o moralmente a un individuo, se comete un agravio, que es necesario compensar de alguna manera, por el daño que se le ha ocasionado; pero los pecados, no son en contra de los individuos, sino en contra de Dios, en contra del Espíritu de amor y de verdad que nos creó y al cual sentimos, por eso la culpa se expresa en lo que sentimos aunque no lo queramos; nosotros podemos resarcir el agravio cometido a otro hombre, pero no podemos resarcir a Dios por el pecado que cometimos al hacer el mal, porque es espiritual y no es por obras que se pueda reparar al pecado; por lo que queda después de haber pecado, una horrenda expectativa de muerte espiritual.

 

Antiguamente se han hecho diferentes obras, que se convierten en tradiciones y costumbres con el fin que Dios nos perdone, algo que nos engaña sobre lo que Dios quiere para el perdón, para la salvación de nuestras almas; porque las obras se convierten en costumbres y las elaboradas formas en tradiciones por no entender su verdadero significado, porque las obras no son la salvación, con lo que entendemos que el arrepentimiento en verdad no es sincero, cuando se tratar de comprar con obras lo que solamente con una honesta actitud se puede lograr, en la que se denote una verdadera contrición y humildad que acompañen en verdad al arrepentimiento, para ser considerado para el perdón, porque un corazón contrito y humillado Dios no rechazara jamás, pero de otra forma es pura hipocresía, porque al no haber un sincero arrepentimiento tampoco hay perdón, por lo que en verdad la muerte espiritual prevalece.

 

Pero no fuimos creados para morir espiritualmente, sino para vida eterna y paz, y ya que ninguno de nosotros puede hacer algo lo suficientemente bueno, para compensar materialmente o moralmente a Dios, es decir, ya que no existen obras que podamos nosotros hacer para ser perdonados por nuestros pecados, Dios mismo nos provee el sacrificio que necesitamos, sacrificio que en su expresión nos muestra la realidad de nuestra muerte espiritual y la resurrección a la que podemos aspirar; nos brinda a Jesús que es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo, para que nosotros dejemos de tratar de pagar con nuestras obras, lo que sólo puede ser reparado con la fe; con la fe de que Dios paga por amor con su vida, para que nosotros tengamos su vida y su amor; con la fe de que nosotros fuimos creados para ser hijos de Dios y no solamente siervos inútiles; con la fe de que el poder de Dios y la salvación vive y reina en nuestros corazones, por lo que somos más que vencedores y el pecado ha quedado fuera de nuestra vida; por la fe en que hemos resucitado de entre los muertos espiritualmente, de que hemos resucitado juntamente con Cristo; porque si Cristo no resucito de los muertos vana es nuestra fe y aún seguimos en nuestros pecados.

 

No se trata de palabras huecas en la que se acepte a Jesucristo como señor y salvador de sus vidas, sino al verdadero entendimiento del significado de su sacrificio y la resurrección a la que podemos aspirar, para que verdaderamente el amor y la verdad ocupen nuestro corazón, porque Cristo es Dios mismo, es el Hijo de Dios vivo en el amor y la verdad, en nuestra alma redimida en el espíritu, son las bodas del cordero, en las que el alma se une al espíritu como un solo ser, es dejar de ser hombres para llegar a ser lo que Dios mismo quiere que seamos, sus hijos, sujetando al hombre material, al cuerpo físico a su señorío, que es tan solo la semilla en donde nace el verdadero Ser al que podemos aspirar, dándonos en recompensa, la vida eterna y la verdadera felicidad.

 

Para perdonar se necesita valor, para pedir perdón se necesita valor, valiente no es ser temerario, macho, o agresivo, un hombre valiente es el que acepta su vida tal y como es, no es el que busca circunstancias suicidas o agresivas sino aquel que es responsable ante los acontecimientos y aceptando lo que pueda suceder, emprende y no decae. El valor y la voluntad van de la mano, es la templanza que se necesita para pedir perdón, para perdonar, para arrepentirse y para no pecar más, y sólo una persona que se ama tiene esta clase de temple; no es el que se quiere vanidosamente, es el que se ama verdaderamente.

 

Cuando pecamos, nos separamos de Dios, porque ponemos una barrera en nuestro entendimiento, es como un prepucio que no nos permite sentir a Dios, dejamos de hacer su voluntad y nos hacemos esclavos del pecado, esclavos de la carne y de su concupiscencia, esclavos de vicios, muriendo espiritualmente. No entendemos el propósito por el que Dios nos creó, pero es ahí en donde Dios nos muestra su sabiduría y su amor, porque sabe que podemos entenderlo, para eso nos dio la inteligencia y el testimonio, para aprender de él y conocerlo; porque conocer a Dios y conocer a Jesucristo, es la vida eterna, cumpliendo al fin nuestro verdadero propósito para alcanzar nuestro destino, con Dios y en Dios por la eternidad; un destino distinto al que tienen todos aquellos que están muertos en sus pecados.

 

Si vive el Espíritu de Dios en nosotros, entonces servimos al amor y la verdad, que son la luz de Dios; pero si el Espíritu no vive en nosotros, entonces servimos al pecado, al odio y la mentira, a las tinieblas. Porque si Dios no vive en nuestros corazones, si no somos sus hijos, entonces lo que habita en nuestro corazón es la oscuridad, el demonio y somos hijos del diablo. Si no andamos conforme al Espíritu, entonces estamos buscando satisfacer los deseos de la carne y, o servimos a Dios, o a las tinieblas; porque los deseos de la carne van en contra de los deseos del Espíritu, y los deseos del Espíritu están en contra de los deseos de la carne, oponiéndose entre sí. Pero si somos guiados por el Espíritu de Dios, ya no estamos bajo la ley que nos condena a la muerte, sino por la gracia de poder cumplir con la ley de Dios, obedeciendo lo que nos dicta en la conciencia, por su amor.

 

Dios nos da gracia para cumplir con la ley del Espíritu, porque nosotros somos sus hijos cuando por gracia renacemos al Espíritu y hacemos su voluntad, y es Dios en nuestros corazones el que nos da el poder para cumplir con la ley, porque la ley está escrita en nuestros corazones y somos hacedores de la ley, porque somos la justicia de Dios, escuchando y obedeciendo a la conciencia que es la voz de Dios en nosotros, no como siervos sino como hijos, porque la voluntad del padre es la voluntad del hijo. Él nos da el poder de cumplir con la ley del espíritu de vida en Cristo, porque el amor de Dios vence a la tentación por la esperanza de la vida que ha nacido en nuestros corazones.

 

Pero si no somos perdonados, no podemos ser guiados por su Espíritu, entonces somos esclavos de la carne y manifiestas son las obras de la carne en: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechiceras, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales advierto, que los que practican tales cosas, no heredaran el reino de Dios. Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas, no hay ley; porque el que hace la voluntad de Dios agrada a Cristo y es aprobado por los hombres.

 

La máxima justicia es el perdón, es el amor en su máxima expresión, Dios es amor, capaz de perdonar el peor de los pecados y el que condena no es Dios, sino el pecado. ¿O que no es en el pecado en donde llevamos la penitencia? Pero Dios puede ocupar el lugar que le corresponde en nuestro corazón, si creemos que perdona nuestros pecados y si creemos que el mismo pago por nuestras culpas; y que nuestro espíritu es quien nos hace verdaderamente hijos de Dios, cuando nace, renace o resucitar en nosotros, dejando de estar muertos espiritualmente, teniendo nueva vida; sólo entonces podremos hacer un verdadero culto racional de amor a nuestro creador, conociendo su naturaleza, su bondad, su justicia; santificados no por el hombre sino por Dios. ¿Quién no conoce la vida y el sacrificio de Jesús? Pues Jesús es la figura del sacrificio espiritual que Dios hace cuando nos arrepentimos, para perdonarnos, para amarnos, para gobernar nuestros entendimientos enseñoreándose de nuestra voluntad, siendo esa vida espiritual nuestra nueva naturaleza, siendo hijos legítimos de Dios, engendrados, no creados; salvándonos del infierno que la culpa enciende y que solo Dios puede apagar, dándonos su vida eterna y su paz.

 


 

Idolatría

 

 

Dios es amor, pero no todos tenemos el mismo Dios, hay muchos que su dios son las riquezas materiales, la belleza física, la vanidad del alma, algún amuleto, un objeto de la suerte, un ídolo, una imagen, y obviamente no conocen al Dios de amor y de verdad, no conocen a su creador; es más, pueden decir que su dios es malo y que los hace sufrir, y es verdad, porque no tienen su fe y su esperanza puestas en la justicia, en la paz y en la verdad, en la esencia del Dios que no nos ve con lastima sino con misericordia. Dios es Espíritu, el principio y el fin verdadero, el que vive y reina; y los que lo conocemos y reconocemos como a nuestro padre, estamos vivos juntamente con él, porque los que amamos a Dios, un solo Espíritu somos con él; siendo apartados para ser santos, limpios de alma, mente y corazón, para recibir de su Espíritu la verdadera felicidad.

 

Por eso cuando digan que el hijo de Dios está en tal o cual lugar, no vayan por que haya no está el hijo de Dios, eso que buscan en otros lugares es idolatría, porque el único lugar en donde pueden encontrar a Cristo es en su propio ser, en su corazón, porque es su propio espíritu resucitado; pero si su espíritu no ha nacido, renacido o resucitado, entonces no lo van a poder encontrar en ningún lugar; la idolatría sólo nos aleja de Dios y de la salvación, también nos ciega y nos llena la cabeza de sugestión y de falsedad, apartándonos de nuestro propósito y de nuestro destino eterno, con Dios y en Dios; pero al saber cómo es Dios, podemos ser como él es, porque conociéndolo entendemos lo que sentimos, lo bueno y lo malo, arrepintiéndonos de todo mal, salvándonos de los círculos viciosos, de las cadenas de maldad, de las ataduras que nos llevan a cometer actos autodestructivos, que nos llenan de amargura y soledad por ignorancia. Al conocer a Dios podemos ser felices, porque él es la felicidad, sin estimulantes, sin vicios, sin excesos, con Dios podemos disfrutar de lo más simple de la vida, de lo más sencillo, del amor, la paz y el gozo, los tesoros más valiosos para los que conocemos a Dios.

 

El Hijo de Dios en nosotros es nuestro salvador, y los que son del Hijo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos, sin dejar de disfrutar de manera correcta y cierta de su vida. Si vivimos por el Espíritu, andemos también en el Espíritu, obedeciendo a Dios, considerando la conciencia en nuestras decisiones, amándonos como Dios nos ama, poniendo nuestra vida al servicio del Espíritu, llenándonos de felicidad, dándole gracias a Dios por todo; porque siendo felices es como le damos gracias, ya que cumplimos con el propósito por el que fuimos creados al ser verdaderamente sus hijos.

 

Ser hijos de Dios como una realidad en nuestras vidas, es muy distinto a conocer al Hijo como un personaje histórico, como un gran maestro, un gran iniciado, un hombre mortal, y no niego que Jesús haya sido todo eso; Jesús sí es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo, pero el Cristo, el Hijo, es el sacrificio vivo, santo y agradable a Dios, el que resucito de entre los muertos; es el Espíritu que vive y reina en cada uno de los hijos de Dios; es el eterno amor y verdad; es el mismo Cristo que puede vivir en cada uno de nosotros y es la realidad a la que me refiero; pero mientras busquen en personas o cosas a Dios, es idolatría. Leer la Biblia sin el conocimiento espiritual, es leer un libro de historia lleno de frases sin sentido y sin explicación; quien no ha escuchado que Cristo lo ama, que murió por tus pecados, que resucito al tercer día venciendo a la muerte, pero si Cristo no resucito de entre los muertos vana es nuestra fe y aún seguimos en nuestros pecados.

 

Espero el día en que la humanidad entera conozca a Dios, y que no sea necesario decir "conoce a Dios", porque todos lo conoceremos; porque ya habrá escrito su amor y verdad, en nuestro corazón, dándonos vida eterna. Espero el día en que todos seamos de un perfecto corazón para con Dios, dejando de ver en el hombre la única forma de vida y encuentren al fin el verdadero propósito por el que fuimos creados y alcancemos el glorioso destino de los hijos de Dios por la eternidad.

 

La intención de que reflexionemos sobre nuestras vidas considerando a Dios, es para que estemos conscientes del espíritu que también somos, reflexionando sobre el pasado, el presente y el porvenir sabiendo quien es Dios, el creador de los cielos y la tierra, y lo que significa para nuestras vidas, reconociendo que la voluntad de Dios, como nuestro padre, es lo que mejor nos conviene. Espero que estos razonamientos sirvan para metodizar el entendimiento acerca de lo espiritual, para poder entender y discernir al espíritu y deje la humanidad de ser idolatras, ya que lo que hasta ahora fuera un misterio, hoy se hace conocimiento para todo aquel que quiera comprender, por lo que le pido a Dios que bendiga este esfuerzo por compartir lo que en espíritu y verdad ha revelado.

 

 

 


 

¿Qué valor tiene este conocimiento?

 

 

¿Cuál es la diferencia entre el conocimiento y la suposición? El conocimiento hace conciencia de lo que existe, la suposición imagina lo posible y lo imposible; todo lo que hacemos en la vida real se basa en el conocimiento, desde el uso de nuestro propio cuerpo hasta la conciencia de la realidad con el uso de la razón, el conocimiento nos da la certeza en la conciencia, la suposición es una duda no resuelta, es la incertidumbre de una o muchas posibilidades, por lo que la ciencia es la herramienta más valiosa del conocimiento, fundamentando para explicar el origen y destino del evento que analiza, por lo que las razones científicas son la base del conocimiento de la realidad. Para entender el valor del conocimiento recordemos que en el siglo XV cuando se suponía que la tierra era plana, si alguien pensaba que era redonda podía ser condenado a la hoguera, así de drásticas pueden ser las consecuencias de suponer lo que el conocimiento científico puede resolver; por lo que la ciencia que comprueba nos acerca a la conciencia de la realidad y el cuento o la novela que supone e imagina dista mucho de la misma (como dijo aquel poeta “yo no lo sé de cierto, lo supongo”), por lo que entiendo que la literatura sirve para exponer, pero no nos explica la existencia; lo que hace el cuento y la novela es mostrarnos lo que sucedió en la realidad o en la imaginación de su autor, sin darnos la explicación de la existencia porque no es su función, por lo que caemos muchas veces en alguna suposición.

 

El conocimiento es la representación de lo que existe, la suposición es la ilusión de lo posible, y para comunicar el conocimiento el hombre ha usado a la metáfora y la ciencia, sin embargo la ciencia no ha resuelto muchos de los enigmas del conocimiento, por lo que se han supuesto muchos de sus enunciados considerando que sus logros podrían explicar el misterio de la existencia, cayendo en la desgracia al tratar de explicar con el uso de la imaginación lo que desconocen, interpretando mal lo que otros en la metáfora explicaron correctamente, dando lugar a la ambigüedad del lenguaje, porque muchos de sus términos no están bien referenciados, por lo que al utilizarlos cada quien interpreta lo que quiere entender, sin prestar atención a lo que en verdad se trata de comunicar, por eso “Dios” se había convertido en una suposición, al no haber sido parte del conocimiento por no ser un concepto definido por la ciencia al no haber demostrado su existencia, por esa razón cuando se habla de Dios o de muchos otros términos que no están bien definidos, por lo general se fijan las posturas sin llegar a algún acuerdo, cada quien expone lo que entiende acerca del término, pero no fundamentan ni brindan alguna alternativa para encontrar la razón por la que la otra parte piensa de forma tan distinta, convirtiendo ese esfuerzo en un diálogo de sordos. Para la verdadera comprensión de las palabras es necesario el fundamento o la diferenciación del uso del lenguaje para su correcta interpretación en el entendimiento.

 

Por estas razones hago hincapié en la notable diferencia entre un ensayo científico y un cuento o una novela, porque la diferencia entre la conciencia y la imaginación es la misma diferencia que existe entre el conocimiento y la suposición, es tanto como estar despierto consciente de la realidad o dormido inconsciente de lo que sucede en verdad, porque si no sabemos, es como si estuviéramos soñando despiertos, por no entender lo que ocurre a nuestro derredor, por lo que estos dos estados de la mente (consciente o inconsciente), representan aspectos completamente distintos para nuestra existencia, porque la conciencia sabe lo que existe (como la existencia de nuestros propios cuerpos materiales), pero lo que desconoce nuestra mente, aunque exista, para nuestro entendimiento no existe, por lo que es un supuesto posible que no forma parte de nuestra vida real o por el contrario producto de la imaginación parte de nuestros sueños.

 

Sin embargo la importancia de un descubrimiento científico no radica en el hecho de saber que existe, sino en todo lo que implica para la conciencia, ya sea para su consideración futura o para su implicación presente, así hay descubrimientos en el ámbito de lo particular y hay descubrimientos en aspectos más amplios, hasta llegar a los aspectos generales de los que depende toda la concepción de la realidad, para que adquieran en nuestra conciencia su verdadero valor e importancia y no hay conocimiento más trascendente e importante por lo que implica, que el conocimiento de Dios; ya que al demostrar la existencia del Creador, la conciencia del origen de la existencia queda completamente resuelta, pero también este conocimiento nos abre la puerta del entendimiento de lo que somos en esencia y nos brinda la posibilidad de conocernos a nosotros mismos y descubrir nuestro verdadero propósito y destino, ya que si ignoramos nuestro origen es absurdo pensar que pudiéramos conocer nuestro destino.

 

También podemos al saber que existe Dios, entendiendo que no es una suposición, comprender que lo que aparentamos no es lo único que somos y así poder hacer conciencia de otra parte de nuestro ser que está latente, como dormido, con el cual soñamos, del cual suponemos, pero que no conocemos ni estamos conscientes, que es nuestro espíritu, nuestro cuerpo espiritual, el cual hemos confundido con el alma, este cuerpo espiritual no representa para nuestro entendimiento nada de lo que existe en la realidad mientras no lo conozcamos, con el que si supiéramos que es trascendente y eterno ¡ese cuerpo espiritual que existe!, pudiéramos estar conscientes para que fuera parte de nuestra realidad transformando nuestras mentes, ya que al existir un ser trascendental en nosotros, tendríamos la esperanza de ser con él y en él por la eternidad, sin embargo esa esperanza sólo es un sueño hasta que estemos conscientes y despiertos en el entendimiento por el conocimiento de lo que somos en espíritu y verdad, y esto sólo es posible si conocemos a Dios.

 

Por lo que si me preguntan ¿cuál es la importancia de conocer a Dios?, diría sin lugar a dudas que es la diferencia entre soñar que podemos vivir eternamente y vivir verdaderamente, porque la vida relativa del cuerpo material es como nada para la eternidad, porque ¿Qué esperanza nos brinda este cuerpo material que no puede trascender? o ¿qué esperanza podemos tener en la suposición de la razón?… la única esperanza habita en el conocimiento de Dios, que es absoluto y trascendente, para poder hacer conciencia del nuestro cuerpo espiritual lo que sería como nacer de nuevo, pero a una vida trascendental ¡al estar conscientes de su existencia! y no morir cuando el cuerpo material fenezca, ésa es la esperanza para los que hemos alcanzado este entendimiento.

 

 

 

Fin